El último metro

Tuve que correr para no encontrarme la estación cerrada y poder coger el último metro. Por fortuna, no tuve que esperar mucho rato a que llegara y el trayecto hasta mi parada no era largo. Al salir, vi que el bar Bombay estaba abierto y me apeteció comerme un durum antes de meterme en la cama. Lo pedí en la barra, junto con una caña, y me fijé en el resto de clientes, en su mayoría jóvenes ruidosos que aprovechaban los precios bajos para emborracharse antes de salir de discoteca. Aparcaban el coche en doble fila enfrente del bar y convertían ese tramo en un ir y venir. Casi siempre coincidía que a la vuelta pedían un nuevo combinado mientras sorbían sonoramente por la nariz. Había también una pareja mayor en silencio, ambos con gafas de pasta gruesa y el pelo sucio. Ella llevaba un suéter de punto y falda. Se le veían sus piernas gordas y las medias hasta la rodilla. Calzaba zapatillas. Él vestía una camisa blanca llena de lamparones y unos pantalones de pinzas grises gastados. De uno de sus bolsillos colgaba un llavero en forma de escudo. Estaba descalzo, los zapatos tocando la pared, y con unos calcetines granates agujereados en el talón. El fluorescente del techo le daba de lleno y se reflejaba en su frente grasienta. No pude contar las latas de cerveza que tenían encima de la mesa. Los chavales, la pareja y la dejadez del bar me entristecieron. Sin terminar la caña, pedí que me envolvieran el durum y salí. Dentro de uno de los coches, un chico y una chica reían y bailaban a ritmo de música house. Mientras iba hacia casa, no dejaba de pensar que lo que acababa de vivir era la perfecta metáfora de lo que fue mi relación con Sheila. La alegría del principio había dado paso a algo macilento, como un bar pequeño del extrarradio que abre de madrugada, que presagiaba un futuro de medias hasta la rodilla, calcetines agujereados y latas de cerveza. Tiré el durum a la papelera.

Advertisements

Siglo XXI. Primera década.

Leí el otro día un artículo de un escritor y profesor, del que no recuerdo el nombre, en el cual decía que los siglos empiezan realmente después de la primera década. Y ponía como ejemplo dos hechos. La deposición de Napoleón (1814) y la Primera Guerra Mundial (1914).
Tenga o no razón, la cuestión es que ya hemos cumplido una década. Así que, en breve y a nivel musical, saldrá una hornada de grupos musicales influenciados por la música de los noventa. (Me he acordado que hace tiempo vi un documental sobre la historia del rock y demostraban que, para diferenciarse de sus predecesores, los músicos de una década tenían como influencia la música que hacían veinte años atrás.)

¿Y qué es lo que destacaríais de esta década que acabamos de cumplir?

Es una pregunta para expertos, pero yo destacaría el uso de las tecnologías de la información y comunicación en nuestra cotidianidad, y las posibilidades de acceso al conocimiento que tenemos ahora. Si bien me gustaría que estas posibilidades las pudiera disfrutar todo el mundo, sin riesgo a que los pocos que las tienen sigan avanzando, progresando, y los que no las tienen se vayan quedando atrás, siendo la brecha entre unos y otros cada vez más amplia.

Recomendaciones

Mi hermana me ha hecho las siguientes:

Los Hombres de Paja, de Michael Marshall.
Delitos a largo plazo, de Jake Arnott.

Ambos libros publicados por Mondadori dentro de su colección Roja y Negra.

Y ya tengo unas ganas tremendas de leerlos, sobretodo el segundo, el de Jake Arnott, que parece ser que es el primero de una trilogía. Si los Reyes Magos pasan por casa y no saben qué dejarme, aquí tienen una idea.

Y la recomendación que os hago:

Si estáis o vais a Madrid, id al Prado (de seis a ocho de la tarde es gratuito) y visitad la parte de la pintura española del XIX, creo que está en la ampliación del museo. Y los cuadros del Bosco también.

Algunos ejemplos:

Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga, de Antonio Gisbert Pérez.

Doña Juana La Loca ante el sepulcro de su esposo, de Francisco Pradilla y Ortiz.

El jardín de las Delicias, de El Bosco.

2010

Se acaba el año. Siendo muy original y teniendo en cuenta que mi ordenador no quiere conectarse, y estoy de vacaciones y de prestado, voy a hacer una lista. Además, tras leer documentación relacionada con la gestión del estrés, voy a intentar evitar e interiorizar el usar los “debería/no debería”, “podría/no podría”, por los “puedo” y “quiero”:

• Leer más.
• Ir más al cine y al teatro.
• Pasar más tiempo con los míos.
• Hacer más escapadas.
• Hacer un buen viaje.
• Ver apenas la tele, y del tiempo que pase delante del aparato, sea porque está puesto algún DVD interesante.
• Hacer más ejercicio físico.
• Ser más organizado.
• Planificarme las tareas a hacer.
• Gestionar mejor mi correo electrónico, profesional y personal.
• Comer bien.
• Aprender más sobre “social media”, “web 2.0”, “web 3.0”, “web semántica”, “real time web”… y el uso de las herramientas relacionadas.
• Mejorar en el trabajo.

Podría… ejem… Puedo seguir con la lista, pero todo se engloba en gestionar mejor el tiempo, y ahora necesito gastarlo en otros menesteres como prepararme para el viaje a Madrid y despedir el año allí.
¡Feliz año y que os venga cargado de buenos proyectos!

Modelos

Siempre ha sido así, pero, debido al efecto multiplicador de la red, estamos ante un cambio de modelo en donde la cooperación, la colaboración entre personas es imprescindible para llevar a buen puerto cualquier proyecto que tengamos entre manos.

Espacios colaborativos, documentos que se pueden compartir, mensajería instantánea, movilidad, tweets como altavoces de lo que hacemos, videoconferencias… Tenemos a nuestra disposición innumerables herramientas gratuitas para poder trabajar mejor, estar mejor conectados, ser más productivos en definitiva. Pero me complace que el ejemplo de todo esto, la “metáfora” del trabajo en equipo, de saber transformar un grupo en un equipo y un equipo en un equipo eficaz, que dicen los expertos, sea el Barça de Josep Guardiola.

No deja de ser gracioso que un entrenador de fútbol, deporte donde todo gira alrededor del tópico y la repetición (“el fútbol es así”, “ni antes éramos tan malos ni ahora somos tan buenos”…) y que en los últimos años se ha convertido en una hoguera de las vanidades con galácticos de cartón piedra, sea el modelo a seguir para los más jóvenes y no tan jóvenes en ámbitos que trascienden al puramente deportivo.

Pero es bueno, muy bueno, que el equipo que ha construido Guardiola sea el paradigma del trabajo bien hecho, de la búsqueda de la excelencia, de la motivación, del “persistir, persistir i persistir” para llegar al éxito.

Leía en twitter una cita que no sé cómo acaba, pero empezaba con “Si no le das una oportunidad al talento…”, y, aunque desconozco el final de la frase, puede dar a entender que, está muy bien tener talento, pero la única manera de sacarlo, de que se manifieste en toda su dimensión, es trabajando. Y Guardiola es lo que ha hecho, y lo que está haciendo, trabajar y sacar lo mejor de cada uno de sus jugadores, dando oportunidad al talento.

Tot guanyat, Tot per guanyar. (Todo ganado, Todo por ganar.)*

* Es un poco “guerrero” este eslogan, y muy publicitario, pero resume muy bien la humildad con la que el Barça de Guardiola afronta todos los partidos. Otro de sus máximos valores.

Noches en Hollywood

Por un intercambio de correos con un conocido para el blog de brigada 21, descubrí que han publicado este año un libro de James Ellroy, Noches en Hollywood. Un volumen que recoge seis relatos ambientados en la ciudad de Los Ángeles en los años 50. Bajos fondos, coristas, polícias corruptos, humo, alcohol, asesinatos, putas, ladrones, efedrina… Me encanta. Solo llevo el primer relato, El blues de Dick Contino, pero me lo estoy pasando en grande. Llevaba mucho tiempo sin leer a James Ellroy. Disfruto con su estilo, directo, socarrón, crudo. La capacidad que tiene para que logres imaginarte la escena con apenas cuatro palabras me fascina, y si además es para contarte lo que hay debajo de la alfombra roja de la ciudad del glamour, la atracción es total.

Sus novelas y libros suelen ser de muuuuchas páginas, pero este es solo de trescientas y son seis relatos. Lo comento por si queréis probar y no sabéis por dónde empezar. De todas formas, si os gusta la novela negra, La Dalia Negra os gustará también, y luego querréis leer El Gran Desierto, y después L.A. Confidential para acabar con Jazz Blanco. Son las cuatros novelas que conforman El Cuarteto de Los Ángeles.

Y hay más… pero, el plato fuerte es la trilogía América. Explica la historia negrocriminal, el submundo violento de los de Estados Unidos desde los 50 hasta los 70, y te agarra tan bien agarrado que no podrás dejar de leerlos y no podrás esperar hasta febrero de 2010 que es cuando está previsto que publiquen la tercera parte, Sangre vagabunda. Las otras dos son América y Seis de los grandes.

No venderá tanto como Stieg Larsson, pero es muchísimo mejor.

Post desde el móvil

Esta es una entrada de prueba. Estoy escribiendo desde el móvil.

%d bloggers like this: