En el 2.0, ¿la experiencia es un grado?

El otro día, hablando con un jubilado con mucha experiencia en informática, comentó, estudiando la fórmula para poner su bagaje a disposición de todo aquel que quiera aprovecharlo, que quizás su experiencia ya no servía de nada para según que contextos, dada la velocidad a lo que va todo en el sector TIC. Lo dijo un tanto de forma irónica, pero coincidimos en que parte de razón tiene.

Porque si lo llevamos al campo de la web social, ¿poner al frente de un proyecto 2.0 como community manager, por ejemplo, a una persona muy experimentada en el plano analógico (físico, offline…) te garantiza el que ejecute su “saber hacer” correctamente? No hablo de éxito, sino del desarrollo de la propuesta.

Supongo que parte del encanto de todo lo relacionado con la cultura 2.0 es este continuo aprendizaje y lo que parece ser una capacidad inagotable de sorprendernos, de tener nuestra mente en un eterno estado de gestación (frase pedante dedicada a mi amigo Julio). Aunque también es verdad que se hace dura la sensación de estar permanentemente alerta de todo lo que va saliendo. Esta paradoja de tener esa curiosidad de niño, de preguntarte “y por qué, y por qué, y por qué”, con el agobio de que no llegas a nada.

Pero eso está bien, porque nos hace ser humildes y nos baja los humos (quien los tenga), y está cambiando la manera en cómo las grandes marcas, tan soberbias históricamente, se relacionan con sus seguidores de una forma mucho más personal y humana… aunque a algunos todavía les cueste.

Y, para terminar, y volviendo a lo de la experiencia, dos ejemplos. En la misma reunión que mencionaba al principio, salió el ejemplo del capitán del Titanic, de los más condecorados y experimentados de la armada británica, que, según los entendidos, no supo manejar una situación (los icebergs) a la que nunca se había enfrentado. El otro fatídico ejemplo es el del reciente accidente del avión presidencial de Polonia, en el que parece ser que, personas ajenas a la tripulación, pudieron influir en la decisión de aterrizar forzosamente.

Gestión efectiva del tiempo

El pasado jueves, 29 de abril, organizamos en el trabajo una charla sobre la Gestión efectiva del tiempo impartida por Iñaki Bustínduy.

Iñaki estructuró la sesión en dos bloques. En el primero, hizo mención a la parte emocional de nuestro tiempo. Nos contó la diferencia entre el tiempo que pasa –horas, días…- y nuestro tiempo existencial –qué hacemos y cuándo-, qué valor le damos, cómo lo percibimos según la situación, dilación a la hora de afrontar tareas o compromisos, la relación con los otros…

En la segunda parte, muy enfocada a nuestra jornada laboral, se centró en aspectos organizativos: planificación de nuestro día a día. Desgranó cuestiones como la necesidad de visionar lo que debemos hacer durante el día, la semana, etc., para tener en cuenta posibles contratiempos que puedan surgir (retrasos en el tren, atascos…).

Otro asunto importante: fijarte objetivos. Estos tienen que ser reales no quimeras, y aquí describió un recurso muy útil, la teoría SMART. Los objetivos tienen que ser específicos (S), medibles (M), asumibles (A), que comporten un reto (R) y acotados en el tiempo (T). Y esto va relacionado con la planificación, el marcar límites, diferenciar las tareas urgentes de las importantes*, distinguir qué tareas son las más latosas y elegir bien el momento óptimo de hacerlas, pues, aunque fastidiosas, se tienen que hacer. Igualmente, con las tareas más a largo plazo (tareas elefantes), emplear el sentido común. No pretendamos aprender un idioma en dos días porque fracasaremos y lo dejaremos, sino planteemos el ir paso a paso y hagamos una previsión a un año vista.

Destacó también la conveniencia de prepararse bien las reuniones con un buen orden del día y temporalizando cada punto, y vigilar las reuniones informarles, aquellas en las que te viene el compañero a la mesa a explicarte la juerga de la noche anterior.

En este sentido, todos coincidimos en que la comunicación entre los empleados y la dirección, o entre los miembros de un equipo, es primordial para que la gestión del tiempo sea realmente eficaz. Establecer un protocolo de funcionamiento en los equipos de trabajo es norma obligada.

Imagen de la tabla que dibujó Iñaki para mostrar que lo que debemos conseguir son tareas importantes, pero no urgentes.

¿Qué fácil parece, eh? ¿Sois capaces de conseguirlo? ¿Qué métodos utilizáis para ello?

¿De lo privado a lo público o de lo público a lo privado?

Aprovecho una carta enviada por Eva García y publicada ayer en La Vanguardia acerca de la muerte 2.0, para reproducir aquí el comentario que he dejado en un debate iniciado en Linkedin.En él, decía que la muerte, en el contexto del 2.0, es un tema controvertido (siempre lo es), ya que, una vez mueres, tu presencia online sigue existiendo, pues, por regla general, y permitidme un poco de humor negro, las contraseñas te las llevas a la tumba y nadie más las sabe, o no todas. Así, se dan casos en los que, mucha gente, aprovecha la última entrada del blog de la persona fallecida para despedirse de ella, como en los libros que se dejan en los velatorios, o incluso dedican entradas en sus propias bitácoras a esa persona.

¿Cómo afecta esto a los familiares, amigos, etc., el leer esos textos? Pues no lo sé. Como siempre, dependerá de cada uno, pero, imagino, que deberemos aprender a convivir con ello.

Y al hilo de esto, me ha venido a la memoria lo que leí hace un tiempo en el blog de Dolors Reig, en el que comentaba, dada la evolución de la red, que cada vez más vamos a tener por defecto nuestra parte pública más visible y nos tocará esconder lo que no queramos enseñar, en vez de lo que ocurre ahora, que es, desde nuestra parte privada, ir enseñando lo que queremos hacer público. Es decir, la tendencia es que iremos estando más expuestos al público, y desde esta dimensión pública iremos construyendo nuestra privacidad. En definitiva, somos unas “celebrities” en potencia.

Y, de hecho, esto de la “esfera pública total” ya se da (la inconsciencia de la gente no tiene límites) estando en vida o una vez muertos… y estos diálogos imaginarios que tenemos con los seres queridos que ya no están se dan en forma de comentarios en la red.

Volvemos a la idea de Dolors Reig: estamos haciendo público lo que antes era privado.

¿Cómo lo veis?

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