El último metro

Tuve que correr para no encontrarme la estación cerrada y poder coger el último metro. Por fortuna, no tuve que esperar mucho rato a que llegara y el trayecto hasta mi parada no era largo. Al salir, vi que el bar Bombay estaba abierto y me apeteció comerme un durum antes de meterme en la cama. Lo pedí en la barra, junto con una caña, y me fijé en el resto de clientes, en su mayoría jóvenes ruidosos que aprovechaban los precios bajos para emborracharse antes de salir de discoteca. Aparcaban el coche en doble fila enfrente del bar y convertían ese tramo en un ir y venir. Casi siempre coincidía que a la vuelta pedían un nuevo combinado mientras sorbían sonoramente por la nariz. Había también una pareja mayor en silencio, ambos con gafas de pasta gruesa y el pelo sucio. Ella llevaba un suéter de punto y falda. Se le veían sus piernas gordas y las medias hasta la rodilla. Calzaba zapatillas. Él vestía una camisa blanca llena de lamparones y unos pantalones de pinzas grises gastados. De uno de sus bolsillos colgaba un llavero en forma de escudo. Estaba descalzo, los zapatos tocando la pared, y con unos calcetines granates agujereados en el talón. El fluorescente del techo le daba de lleno y se reflejaba en su frente grasienta. No pude contar las latas de cerveza que tenían encima de la mesa. Los chavales, la pareja y la dejadez del bar me entristecieron. Sin terminar la caña, pedí que me envolvieran el durum y salí. Dentro de uno de los coches, un chico y una chica reían y bailaban a ritmo de música house. Mientras iba hacia casa, no dejaba de pensar que lo que acababa de vivir era la perfecta metáfora de lo que fue mi relación con Sheila. La alegría del principio había dado paso a algo macilento, como un bar pequeño del extrarradio que abre de madrugada, que presagiaba un futuro de medias hasta la rodilla, calcetines agujereados y latas de cerveza. Tiré el durum a la papelera.

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8 Responses to El último metro

  1. A veces no sabes si tomaste la decisión adecuada hasta que “algo” que aparentemente no tiene nada que ver te hacer ver la realidad.
    Sincronismo del Universo.

  2. Marga says:

    Visto que te ponen… mañana mismo salgo a comprarme las medias hasta la rodilla.

  3. Ex-zeta says:

    Prometedor inicio, ex-hack… Me gustará leerte 🙂

  4. La gata says:

    Pobre durum… Por ciero ahora en rebajas los calcetines salen baratitos, no es necesario ir “tomateao”

  5. la_rêveuse says:

    Atmosfera grasienta, realmente.

    Lo de los calcetines tomateados, llámame clasista, me remite al presidente del Banco Mundial.

  6. enriconline says:

    Pues sí, bruja, pues sí. Tienes más razón una santa.

    ¿Mañana es cuándo vas de concierto, no, Marga? Mejor, apenas coincidiremos… 😛

    Gracias, exégeta. Me gustará que me leas.

    Y en el Primark ni te cuento lo baratos que son, gata.

    Si es que no somos nadie, reveuse.

  7. Cris says:

    Siempre me ha gustado mucho cómo haces que me lleguen las historias a través de sus detalles. Creo que eres genial con los detalles, no se te escapa uno, los desgranas, los mimas, los cuidas y finalmente los entregas a conocidos y desconocidos para que se los calcen y se metan como protagonistas en unas historias vivas y alucinantes, como esta, que te suelen dejar flasheado, qué quieres que te diga, y con muchas ganas de más…
    Deberías escribir mucho mucho mucho…
    GRACIAS.

  8. enriconline says:

    Jolín, Cris… me acabas de dejar pastaboniato (y rojo como un tomate)

    !!Gracias a ti por pasarte y comentar!! Y más si son comentarios como este… 😛

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