Pedagogía de la pregunta

Hace unos meses vi en balzactv un episodio que trataba el tema de la educación expandida,  y que viene a decir que cualquier cosa que hagamos nos está formando, aprendemos de ella. Esto, actualmente, se hace evidente con las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), las cuales permiten un grado de interactuación nunca antes alcanzado.

En esencia, la forma de relacionarse no ha cambiado, pero el uso de la tecnología permite una alcance en esas relaciones, y de una forma tan inmediata, que ha transformado completamente la manera de llevarse a cabo la toma de contacto entre personas, ya sea esta de naturaleza social, afectiva o profesional. Esta transformación afecta a todos los ámbitos en los que se mueve el ser humano, directa o indirectamente (y esto a pesar de que, como decía un psicólogo -no recuerdo quién-, emocionalmente estamos en la prehistoria).

Y la institución que más está notando esto es la escuela. Ya no sirve ir a un centro de enseñanza. Ahora, estos, tienen que compartir espacio con Internet, móviles, TV, etc. Y me encanta. Me encanta porque lo que antes era una cosa de cuatro indocumentados melenudos, ahora, gracias a las redes o medios sociales, es una postura que cada vez va cobrando mayor protagonismo. La pedagogía de la pregunta, la red de intercambios (tu me arreglas el coche, yo te pinto el piso), no hace mucho eran cosas de hippies que no se lavaban la cara, de kumballás alrededor de una hoguera y una guitarra, pero, actualmente, es una tendencia del que todo el mundo digital se llena la boca, el crear comunidad (en torno a una afición, a una profesión, a una marca, a un deporte…).

Y todo esto me lo ha recordado una idea que ha planteado hoy Marc Vidal en un taller organizado por la Fundación Banesto en colaboración con cink en Barcelona: Pensar en común. El taller estaba dirigido a PYMES bajo el título: Redes sociales y Web 2.0: Cómo vender más y mejor. No deja de ser curioso que, para vender más y mejor, mantra del capitalismo, se tenga que recurrir a la filosofía altermundialista del compartir. Decía Marc Vidal, o así lo he entendido yo, que lo de pensar en común es lo que se acabará imponiendo. Ya no solo emites una idea (con intención de imponerla), sino que, además, tendrás que recibir y aceptar. Y, partiendo de esa base, trabajar una misma idea en grupo (o en equipo), de una forma asíncrona y en distintas geografías (no hará falta que todos estemos a una hora determinada en un mismo sitio).

En fin, bienvenidos sean los medios sociales si nos van a permitir establecer unas relaciones sociales, comerciales, mucho más justas, en un plano más horizontal y en las que podamos decir la nuestra. Si bien hay que tener en cuenta que, a la vez, todo este aumento de la conectividad, los dispositivos móviles, etc., genera una banalización de valores (por ejemplo, el uso de los móviles entre los adolescentes para hacer chantaje, filmar escenas violentas, etc.), una fast society y un culto a la inmediatez que pone en duda nuestra capacidad crítica… si alguna vez ha estado valorada. ¿Cómo se podrían contrarestar estos efectos colaterales? A lo mejor los niños no son los únicos que deben ir a la escuela…

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